martes, 10 de diciembre de 2013

Series

Con la televisión de pago y, en mayor medida, con la expansión de internet ha llegado al gran público el boom de las series de televisión de calidad. Es verdad que muchas series siguen las temáticas tradicionales: de policías, de abogados, de médicos o las sitcoms familiares de siempre pero, entre todas ellas, nos podemos encontrar con obras de arte que nada tienen que ver con las series tradicionales. Creaciones como Los Soprano o Mad Men poco tienen que ver con nada hecho anteriormente. Luego, dentro de las temáticas tradicionales, podemos encontrar médicos detectives drogadictos como House, policías asesinos en serie como Dexter o una sitcom sobre científicos frikis como The Big Bang Theory.

El fenómeno fan que arrastran las series hace que el decepcionante final de Perdidos haya sido un drama mundial o que, varias semanas después del final de Breaking Bad se sigan escribiendo artículos sobre él. Esta claro que las series están generándose un espacio dentro del espectro de entretenimiento de la sociedad. Fundamentalmente de los jóvenes de veintitantos y los ya no tan jóvenes treintañeros y cuarentones que son quienes normalmente dominan internet y las nuevas tecnologías. Porque tan importante como verlo es contar que lo has visto u opinar sobre ello en tuíter.

Este auge de las series ha alcanzado un punto en el que, bajo mi punto de vista, algunos de los mejores creadores se encuentran en la televisión y no en el cine. Cada vez es más complicado que una película te sorprenda. La cartelera del cine se reduce a películas de explosiones, de superhérores, de miedito cada vez más malas, mil comedias románticas y la de animación de turno. O, la mayoría de las veces, un batiburrillo de varios de estos géneros. Todo parece hecho con el mismo molde., sólo de vez en cuando aparece algo que llama la atención. 

Una serie les permite a los guionistas una evolución de las tramas y de los personajes con la que la duración de una película no puede competir. A pesar de que cada vez aparecen más sagas de películas. Parece que las películas se están convirtiendo en series buscando una mayor duración y, a su vez, las series se convierten en películas acercándose a su calidad técnica. Una temporada de trece capítulos de unos cuarenta o cincuenta minutos de duración de una buena serie suele contar una historia cerrada. Son unas cinco o seis horas de entretenimiento que te pueden hacen vivir experiencias extraordinarias.

En los hogares, han llenado el espacio que tenía la televisión generalista, cada vez más histriónica, más carroñera y de menor calidad. La televisión actual se dirige hacia la bronca en la tertulia, da lo mismo que sea política, deportiva o del corazón, hacía unos informativos manipulados en una dirección u otra dependiendo del media la que perteneces y hacia unos programas que son pseudoconcursos de habilidades musicales, culinarias o de lo que sea que buscan, como último fin poder alimentar el resto de programas de la cadena.

En lo referente a las series nacionales la calidad brilla por su ausencia. Hace ya demasiados años que nacieron Cuéntame y Siete Vidas, que son las últimas grandes series buenas de verdad. Que yo haya visto al menos. De vez en cuando aparece una buena idea que se va destruyendo con el paso de los capítulos por el intervencionismo de las cadenas. Se intenta llegar a un grupo de espectadores que abarque desde la abuela de la casa hasta el nieto de ocho años y es imposible escapar del chiste facilón o de los chulazos sin camiseta si se persigue agradar a todos por igual. Es imposible. El tema de la duración y de los horarios también es terrible. Un capítulo empieza a las 22:30 y se alarga hasta las 00:30, todo ello marinado con al menos 45 minutos de publicidad. Es incomprensible, por otra parte, porque en la época de la TDT es imposible que ninguna cadena española fuera de C+ ponga información sobre la temporada y el número de capítulo de lo que se esta emitiendo, sea la producción nacional o extranjera da igual, ninguna lo hace. Se hace imposible seguir series que son muy buenas como Shameless, Los Simpson o Dos hombres y medio a través de estos canales. No sabes que capítulo sigue a cual ni cuando lo emiten. Y ya, lo otro que suele pasar, es ponerte a ver una serie que tiene buena pinta y, como no funciona primero la destierran a la madrugada y finalmente desaparece del todo. No entiendo porque no apostamos más por nuestra ficción, si lo mejor que tenemos los españoles es la creatividad y la originalidad.

En este blog hablaré de mis series favoritas e intentaré convenceros para que las veáis. Series como Perdidos, Homeland, The Newsroom, Juego de Tronos, etc. Espero que os guste y que cada vez seamos más los serieadictos.




lunes, 9 de diciembre de 2013

La sospecha del jugador creativo

Desde que el fútbol es fútbol o, al menos, desde que yo tengo conciencia de ello, siempre hubo una raza de futbolistas que estaba en continua sospecha de rendimiento. Este tipo de futbolistas eran desplazados continuamente desde las zonas de mando en las posiciones centrales del campo hacía posiciones más avanzadas o hacia las bandas, dependiendo del gol que tuviesen. Eran jugadores sospechosos que debían ser apartados de las zonas de más influencia del campo. Los ejemplos son muchos y variados, como muestra representativa se me ocurren: Seedorf, Zidane, Riquelme, Iniesta, Cani, etc. Todos los de esta lista son tan buenos que a pesar de todo han dado un rendimiento extraordinario en esas posiciones. En cambio, otros, también con extraordinaria calidad pero sin llegar a tan alto nivel, han tenido apariciones más intermitentes en sus equipos. Han pasado de centrocampistas creativos a mediapuntas. De mediapuntas a segundos delanteros, los que eran capaces de marcar de vez en cuando, y a interiores los que no tenían gol. Su posición ideal ha sido ocupada por otra estirpe de futbolistas relegandolos, en muchos casos, al banquillo y al olvido.


Todos los entrenadores del mundo le encontraban un hueco en el centro del campo a un jugador, y normalmente a varios jugadores, de los que se denominan "honrados en el esfuerzo". De esos que sólo los podemos definir como "ordenados tácticamente". Aquellos que son "imprescindibles en cualquier equipo". Estos jugadores, que normalmente son bestias físicas, en muchos de los casos no eran capaces de dar un pase de merito e incluso de dar continuidad a una jugada. Se les veía correr, se les veía luchar, se les veía pegar y "marcar la ralla" e incluso solían marcar algunos goles desde fuera del área o a la salida de un córner. Siempre eran alabados y nunca se les exigía ese pase de calidad que desatascase un ataque o un apoyo de merito en la salida del balón porque "no es su trabajo". Las excepciones siempre las encontramos en los mejores equipos, que tenían jugadores con un gran físico que eran muy buenos técnicamente: Mauro Silva, Baraja, Xabi Alonso o  Toure Yaya. En cambio, los equipos más modestos preferían quedarse con la vertiente física de estos jugadores en lugar de la técnica para buscar jugadores.

Cuando un equipo se atascaba en ataque, cuando un equipo era plano, cuando no tenía ideas. Cuando el fútbol se convertía en un deporte que buscaba el fallo del contrario, la segunda jugada o la aparición divina. En esos momentos de aburrimiento general, de impotencia del entrenador y del aficionado, sólo en esos momentos todas las miradas se dirigían hacia el diez. Si el equipo tenía ese creador en plantilla, claro. En algunos casos ni se contemplaba que fuera necesario. En las épocas de malos resultados o, simplemente de mal juego, los periodistas y los aficionados clamaban porque jugara el ídolo local, el que daba sentido a este deporte. Se le exigía que cambiara el partido, que inventara, que hiciese una genialidad. Nadie le pedía nunca eso a un trotón de medio campo. No era su trabajo. No estaba para eso. Estaba para correr. 


Y yo me pregunto ¿por qué está diferencia en la exigencia? 

A un centrocampista posicional, o medio centro defensivo, se le exigía que defendiera, que corriera y poco más. A un jugador de los denominados técnicos o creativos se le exigía ese trabajo: que corriese, defendiera y pelease hasta el último gramo de fuerzas y que, además de todo, fuese decisivo. Que inventara. Que fuera genial en cada una de sus intervenciones cuando, al mismo tiempo, cada vez se le escondía más en el terreno de juego. Cuando cada vez le resultaba más difícil encontrar un compañero cercano que al darle el balón no se lo devolviera pinchado.


Esta tendencia en el juego la cambió el F.C. Barcelona. Hubo otros entrenadores antes del Barça de Guardiola que proclamaban el mismo tipo de juego o cosas similares pero una moda o tendencia sólo la pueden marcar, lamentablemente, los que ganan. Guardiola devolvió el fútbol a sus verdaderos dueños: a los que saben jugar a fútbol. Seguramente nunca se habían juntado 11 jugadores que sumaran menos centímetros en un terreno de juego. Desde el famoso Brasil de los 80 nunca hubieron tantos mediapuntas juntos en un terreno de juego. Guardiola demostró que no es necesario ser un atleta para jugar a este deporte.


Sin embargo, y a pesar de la creencia general de que ese equipo ganaba por la posesión, tengo la firme creencia de que lo más importante de ese equipo era la solidaridad defensiva. Defender hacia adelante cuando se perdía el balón. Usar el riesgo para evitar riesgos. La defensa era una sinfonía perfecta de jugadores presionando por un objetivo común: tener el balón. Se demostró que los jugadores que no parecen tan poderosos físicamente son capaces de defender tanto o más que los africanos de 1,90. Que para defender, lo más importante es entender el juego y que nadie entiende mejor el juego que los más dotados técnicamente. Simplemente es una cuestión de convencer a los jugadores del beneficio común y de quitarse de la cabeza las falsas creencias. Un jugador que la toque bien puede defender. Un jugador que sólo sabe correr es difícil, además, que le entregue la pelota a un compañero.

A raíz de este Barcelona y de los triunfos en paralelo de la selección española parece que la visión general a cambiado y que los jugadores técnicos puede que dejen de estar tan mal vistos. Esta claro que el 95% de los equipos no podrá plantear el fútbol como el Barça de Guardiola porque no tendrá a Iniesta, Xavi y Busquets pero, posiblemente, el Valencia no tendrá tanto miedo de poner a Parejo de mediocentro o el Madrid a Modric. Ander Herrera no se verá obligado a jugar toda su carrera de interior derecho para que no moleste en el centro. Oliver Torres tendrá abiertas más opciones que las de jugar 15 minutos de segundo delantero porque se sospeche de su capacidad defensiva. Isco y Suso encontraran su hueco en cualquier equipo porque se valorará más su capacidad de crear que su debilidad física. A un mediocentro de un equipo de primera se le exigirá más, no solo que corra.


El fútbol tiene que ser de los futbolistas. El que sólo sepa correr que se dedique al atletismo. Más Valerón y menos Diarra. Más Guti y menos Gravesen.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Saludo y presentación

Esta es la primera entrada de mi nuevo, primer y único blog. Espero que sirva para describir que pretendo explicar en él.

He creado el blog con la única intención de dejar constancia de mis ideas sobre los temas más diversos. Soy consciente de que dichas ideas le importan más bien poco a, supongo, el conjunto de la población mundial pero espero que a mí me sirvan para estructurar mis pensamientos y para escribir, que de todo se aprende.

Pretendo escribir sobre los temas que más me interesan según la actualidad o, seguramente, según mis preocupaciones o idas de olla del momento en cuestión. Seguramente aquí podáis encontrar entradas sobre deporte, series, libros que voy leyendo y, en días oscuros y sombríos, puede que incluso me atreva con la política o la ficción, que viene a ser lo mismo.

Y habiendo dejado constancia de mis intenciones (leer esto con voz profunda) procedo a la inauguración del blog con el sonido de trompetas y fanfarrias.

Saludos y hasta muy pronto. Espero.